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EL SEGUNDO DIOS. EL PRIMER DIOS. EL TERCER DIOS



EL SEGUNDO DIOS

 

Fue así desde la primera mañana,

He dejado en libertad a la tierra llana

Para que fuera a las montañas y valles

Y de esa manera será hasta la marea de la tarde postrera,

El postrer crepúsculo.

 

Nuestras raíces hicieron reverdecer

Las ramas que en el valle danzan;

Somos los capullos y los perfumes del cantar

Que desborda lo alto.

 

Lo perenne y lo perecedero

Son dos ríos paralelos que buscan

Continuamente la mar.

 

En medio de una búsqueda y otra búsqueda

No existe el vacío, sino en el oído.

La Temporalidad educa nuestros oídos

Para mayor seguridad,

Añadiendo aún más a sus ansias.

 

La voz no se calla en la garganta muerta

Que no duda;

Pero nosotros nos hemos alzado

Por encima de la duda.

 

El hombre es el hijo más pequeño

De nuestra alma.

El ser humano es una deidad

Que se eleva gravemente

A su propia divinidad.

Entre su sufrimiento y su felicidad

Reposamos, soñando

Nuestras ensoñaciones.

 

EL PRIMER DIOS

 

Permite que el cantante module,

Y que la bailarina dance,

Permíteme estar un momento en paz.

Mi espíritu quiere reposar esta noche;

Puede ser que el sueño sea más fuerte que yo.

En mis ensoñaciones construyo un mundo

Mucho más luminoso que éste:

Seres más hermosos que los

Nuestros llegan veladamente

A ocupar mis reflexiones.

 

EL TERCER DIOS

 

En este momento me elevo, y me libero

De las fronteras del tiempo y el espacio.

Danzaré en aquella huerta que no ha sido hollada

Por pie de hombre alguno.

 

Con los míos, se moverán los pies de la danzarina.

Haré música en el centro de ese elevado mundo.

Quizá alguna humana voz se acoplará a mi voz.

Rebasaremos al horizonte distante,

Quizá nos despertaríamos en la aurora

De un mundo lejano.

 

Mas el Amor perdura, y nunca se olvidarán

Las marcas de sus dedos.

El santo fuego arde,

Y cada chispa que vuela

Es un sol apagado.

 

Más nos conviniera,

Más aconsejable sería

Para nuestro gobierno

Encontrar un minúsculo escondrijo

En donde poder dormir nuestra

Terráquea divinidad,

Postergando los inconvenientes del Reinado nuestro

Para el día siguiente,

En aras de ese Amor de la endeble humanidad.

 

 



  

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